En los últimos años la imagen de los cómics como producto barato, desechable, acrítico e infantil, ha ido cambiando a medida que se desarrollaba una nueva clase de cómics adultos cuyos objetivos son mucho más ambiciosos. Los medios se han hecho eco de éste fenómeno creando el cliché de que los comics “maduraron” a mediados-finales de los 80. Roger Sabin, anuncia en la introducción que su intención es demostrar que la historia de los cómics destinados a un público mayor se inicia en el siglo XIX y que la “revolución adulta” de la que hablan los medios no es más que un paso más en la compleja evolución del medio. (p.1)Para ello comienza delimitando su objeto de estudio a las publicaciones periódicas orientadas a un público adulto (descartando las tiras cómicas de periódicos y revistas, por una parte, y los cómics orientados al público infantil y juvenil, por la otra). Sabin se muestra en desacuerdo con el término “cómic adulto” puesto que los cómics, como cualquier otro medio, pueden ser leídos a diferentes niveles (p.2). De la misma manera que no se habla de televisión adulta o de librerías adultas, sería más adecuado distinguir entre comics infantiles y cómics para los lectores en general. Además el concepto de "adulto" es una arbitrariedad. Aún así, el término “cómic adulto” es el que la industria prefiere. (p.3)
Qué es el cómic?
El ingrediente fundamental del cómic es lo que Sabin denomina «comic strip». La traducción literal al español sería “tira cómica”, sin embargo éste término está comúnmente asociado un producto muy concreto: el del cómic o las viñetas en prensa. Ésta está formada por una secuencia narrativa de imágenes (a menudo, pero no siempre, acompañadas de texto). En cuanto a la extensión, puede ir de una sola viñeta hasta miles de ellas. El cómic per se es una publicación en forma de folleto, tabloide, revista o libro que incluye como elemento principal una o más secuencias de viñetas. Normalmente los cómics son publicados periódicamente y a precios baratos con tal de acceder a la mayor audiencia posible. (p.5)
Las «comic strips» suelen compartir ciertas convenciones visuales como las viñetas enmarcadas (que dividen la acción en fragmentos legibles), los bocadillos de diálogo y pensamiento, las líneas cinéticas, y varias formas de simbolismo gráfico. (p.5)
El texto también tiene sus convenciones. Existen tres tipos básicos de lenguaje textual en el cómic: narrativo (lo que en España conocemos como “cartela”), diálogo y efectos sonoros (a menudo onomatopeyas), cuyo tamaño puede ser variado para sugerir volumen. (p.5)
En lo que se refiere a los contenidos, para Sabin, la mayoría de las «comic strips» son básicamente narrativas, es decir, que explican historias. Para la narración de dichas historias en «comic strips» predomina el uso del lenguaje «cinemático». Sabin matiza que, aunque la analogía con el cine es útil, hay que tener en cuenta que ambas formas se desarrollaron independientemente. En lo que respecta a la composición el cómic suele utilizar planos de situación, primeros planos, panorámicas, etc; así como diferentes “ángulos de cámara”. Las técnicas de montaje también asociadas con el cine también son utilizadas. La ventaja del cómic sobre el cine, afirma Sabin, es que universos enteros pueden ser creados mediante el trazo sin tener que considerar más coste que el de la tinta. (p.6)
Lo cual, en mi opinión, es un cliché tan extendido como falso ya que no tiene en cuenta que un dibujante no dedica el mismo tiempo en dibujar el plano de situación de una multitud armada con horcas y antorchas avanzando por el bosque que en dibujar el plano detalle de una pupila. El hecho de que el coste de ese tiempo sea descartable dice más en contra de la política de pagos de las editoriales que en favor del cómic en sí. Dicho de otro modo, por más que algunos conceptos de la teoría del cine sean trasladables a la teoría del cómic (ya que ambos son medios que, aunque no exclusivamente, están especialmente dotados para la narración y ambos se sirven de la imagen como parte de su lenguaje), el cómic no es, como se ha afirmado tantas veces, el cine de los pobres.
Sabin afirma, que las características citadas, incluso las más propias, no deben ser consideradas condición sine qua non y que su definición, aún defectuosa sirve de punto de partida para observar algunas capacidades narrativas del cómic. Para empezar, una «comic strip» puede comprimir o extender el tiempo. (p.7)
Las «comic strips» también son capaces de ciertos trucos narrativos. Las palabras e imágenes no tienen porqué referirse a la misma cosa y los creadores pueden jugar con la juxtaposición para crear una variedad de modos dramáticos. Las «comic strips» son ideales para la metáfora y el contrapunto dramático o irónico es una técnica usada frecuentemente. (p.8-9)
Estos recursos resaltan el hecho de que la «comic strip» no depende exclusivamente de la palabra o de la imagen sino de algún lugar entre ambas. Es lo que se conoce como el “matrimonio entre texto e imagen”. Las permutaciones entre ambas son prácticamente infinitas. En resumidas cuentas, las «comic strip» tienen su propia estética: son un lenguaje con su propia gramática, sintaxis y puntuación. No son un híbrido entre la literatura y el arte sino un medio por derecho propio.
No existe pues ningún motivo para confinar los cómics a un determinado grupo de edad. Al menos teóricamente, los cómics tienen el mismo potencial como medio de comunicación para adultos como para niños. (p.9)






